miércoles, 7 de agosto de 2013

La maquinaria del destino

Perdí a propósito tu cara 
de esqueleto de bruja para 
esta orgía de palabras
que a un poema van a gestar, parir.
Canción de la ritmia cardíaca
y el camino del caballo.
A veces me pasa, no quiero salir de casa.
A veces me pasa, prefiero estar
con los perros. No pesan los cuerpos
en el agua. 
Casi no puede sonreír
puesto que trae la nada en su bolsillo
y sus lágrimas congeladas.

Tiene belleza suficiente
para provocar mucho dolor.
No muevas la vista que
los átomos desaparecen.
La mitad de este pan
para mí y la otra para la
superconciencia, los pájaros
y las hormigas del tonto que
fui hoy.

El tonto que hasta el fin
defiende sus tonterías
porque a todo quiere ponerle
correa.
 
No progresa, éste, 
tu amor industrializado.
De la cama al volante, del volante
a la carretera y en ella no resisto
a otro perro atropellado.

Las lechuzas son maldita poesía,
poesía maldita. Hoy pasé por la
casa de una vieja disfrazada de joven.
Y hoy pensamos, mañana
reímos. Hoy filosofía, mañana
poesía, bien dicen que son gemelas
la risa y la sabiduría.

Lo único que pido es una
planta que sea pelirroja y de
ojos rasgados y que hable
español, que sea todo lo que
yo no soy.

Mientras sostengo en mi mano
una chiche de Isadora.
Esto es como en el sueño donde
brillaba tu corazón y tu mente
y donde las balas no te alcanzan
porque ya empezaste a volar
en el ahora.


-Alejandro

No hay comentarios:

Publicar un comentario