viernes, 7 de junio de 2013

El material divino

Bailando sobre una ouija eres la cerámica
que lleva años conmigo.
Tus pies son dos mandalas, tu seis manos.
No mueres lentamente sino, lentamente,
te das cuenta que no puedes morir.

Esperas un día curar con tus manos pero
qué mejor cura hoy, que no enfermar siquiera.

De esa casa sale música muy bella y
espectadores, dóciles y crueles a la vez,
oprimen al músico en vigilia.
Ellos forman filas frente a la pirámide, fuego
en su centro, nada lograrán, ni
a un costado, ni encima. Deben
estar dentro, fuego que eres de
su centro, si quieren que algo suceda.

La música es una ave mítica
que reencarna con cada generación
y la poesía, que alimenta
todos los géneros; una
perla que va de mano en mano
en cada década. Para así plagar al
mundo de mutantes, colecciones de
vidas.

Pedí mi nombre en las nubes y así
ha ocurrido, levanto la mirada. Me
disuelvo, moléculas, polvo, luego
inteligencia suprema.



-Alejandro

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