Que morir no duele, te han dicho siempre.
Que los aplausos sean genuinos como aleteos
de parvadas matutinas sobre tu cabeza.
Que llevé mis ocho virginidades con tal de
tener un gramo tuyo.
Nunca lo supiste, pero dejaste caer tu nombre
a propósito con tal de curar todos los males
de la psique. Puesto que cuando naciste
tu gente tomó tu Yo y lo lanzó muy lejos con el
reto anejo de que lo encontrases a través de los
anales de tu vida, y más tarde, encontrarte y así
por fin liberarte. ¡Qué maravilla!
Que los aplausos sean genuinos como aleteos
de parvadas matutinas sobre tu cabeza.
Que llevé mis ocho virginidades con tal de
tener un gramo tuyo.
Nunca lo supiste, pero dejaste caer tu nombre
a propósito con tal de curar todos los males
de la psique. Puesto que cuando naciste
tu gente tomó tu Yo y lo lanzó muy lejos con el
reto anejo de que lo encontrases a través de los
anales de tu vida, y más tarde, encontrarte y así
por fin liberarte. ¡Qué maravilla!
Sin coros preguntas cuántos fotones chocan contra
tu alma. Qué bellos cisnes sobre el lago que pisas
y, sierras filosas, todos van muriendo en hileras
para alimentarte. A ti y a los anillos de humo
que produces mientras te fumas al universo vacío.
Y recuerdas tus vidas pasadas, y recuerdas tus
vidas futuras. Y recuerdas este par de ojos.
Y cualquier mantra es poderoso mientras lo digas tú.
Y hoy todos los niños son Lamas.
Soy el útero de la abundancia.
-Alejandro
No hay comentarios:
Publicar un comentario