sábado, 6 de abril de 2013

Isómeros

La triste paciencia para reforzar tu identidad 
usando mentiras virtuales.
Tu pasado mortal resuena a tu pasado inmortal.
Y yo desde la Atlantia 
voy desahogándome... despacio... por cada poema 
que se escribe en el mundo.

Los bordes de tus uñas te delatan, cabos litorales atestiguan 
el gran proceso.
El clima nos gritaba cada semana con sus 
cambios abruptos, era surrealismo puro 
pero la gente sólo se quejaba sin darse 
cuenta del llamado, escuchando canciones 
que nisiquiera saben que existes.

Mi conciencia diferida dos segundos, de modo que, 
para cuando me percataba de mí, 
ya eran dos segundos tarde.
El clima diferido dos segundos tarde, 
de modo que, para cuando enfriaba y llovía
el incendio ya había terminado en el pueblo mágico.

Y lejos viene el caballero que monta a la zebra 
y lejos viene el espíritu que monta un corcel negro 
y se desliza en el aire lanzando fuego al respirar, 
confundido con dragones.

Hoy te encuentras caminando en el desierto 
de la Sultana con dos bestias, un caballo y una cabra,
experimento genético que termina en unicornio.

Y le gritas al mundo que te has iluminado y que tu 
vida no ha sido en vano, nunca ha sido en vano.
Pero nuevamente el desierto de la Sultana te absorbe, 
hoyo negro de neocórtex. 
Hoyo blanco que engendra egos, isómeros que asustan, 
puesto que parecen algo pero no son algo.


-Alejandro

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