miércoles, 10 de abril de 2013

Teoría del encanto

La humanidad tan inmersa, 
cada quien en su papel, sin sospechar 
del gran frío que se aproxima a la Tierra 
a toda velocidad.
Con un viento que echará volando a 
todos esos papeles.

Pero tú, criatura maravillosa que vives
la teoría del encanto en el recuerdo 

de tu jardín sepia, aquél de girasoles 
que rosaba tus yemas. Tú nisiquiera
vives aquí, tu mundo está más lejos 
de este plano.

Algo buscas en la pared sin descanso, 
esas formas que te castigan la imaginación. 
Te hablan personas que te ven muy grande,
personas que te ven muy pequeño e incluso 
te hablan, en este momento, los que no te ven siquiera.

Testigo de cada personaje, historia fallida de la 
humanidad, desde Omeka hasta Colón, 
Asis, Mozart, Joseph, Apolonio, Zaratustra, Ra-ta-Bin,
Bonaparte, Platón, Siddhartha, todas 
las almas perdidas pero también todos los maestros, 
música sin instrumentos fluye y tiene aroma. 
Cada maestro que asciende,
¿Por qué los ves? te cuestionas, hermosa criatura.

Viene el silencio y de pronto esa sospecha 
que siempre te caracteriza, la música va 
en reversa, ¿qué pasa? preguntas riendo 
pequeña criatura, indagas en medio de un 
plano dorado en su atmósfera, comienzas 
a dudar del suelo y entonces recuerdas todo.
Un insignificante tren y tú dentro, choque y 
fe de erratas en sus accidentes.

Luego tantos insectos, imposible de creer, 
y te ves, el único ángel en ese espacio, los 
átomos ya no te poseen.
Veneras al pensamiento y ahora gustoso 
aceptas la verdad cronológica.
Has muerto.

Quieres volver, esta vez más sabio, más 
fuerte y más humilde, copulación te 
da paso, luz para atravesar el cuerpo físico, 
invadir y conquistar este plano de subconciencia. 

La música ya no va en reversa, lloras pero 
en un tono que no irrita a las manos que te reciben.
Año dosmil cuarenta y dos y ahora te toca 
reconstruir la música de otros niveles, naces atrapado en el sonido.
Estrella te llaman, hermosa criatura.
Has renacido.


-Alejandro

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