Cuando comenzamos a escribirte,
estábamos ebrios de vino, nos sentíamos
profetas de este siglo. Apareció paraselene.
Nuestra casa celeste, querida Tierra,
desvió un asteroide, lo convirtió en meteoro
de órbita grande pero seguimos escribiendo y bebiendo.
Pensamos en fractales de realidad que en dosmil
años sucederían.
Uno de los nuestros avistó un demonio cuyos números
eran seis seis seis, siete siete siete, ocho ocho ocho,
en fin, una bestia a mi aprecer ya que carecía
de un rostro como todos nosotros.
Los días pasaron y cambiamos de cielo, de luna y
de órbita, al diablo con eso.
Sonaba entonces la canción que resucita y las
páginas estaban llenas. Apareció parhelio.
Qué romántica fue la crucifixión de nuestro maestro,
apenas y llegamos a tiempo, pero llegamos es lo importante.
Parecía como si él supiera todo el tiempo que lo
iban a cocinar, pero bueno.
El pan es pan, y el vino, vino.
-Alejandro
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