sábado, 23 de febrero de 2013

Jehová: Homosexual sin remedio

Cuando comenzamos a escribirte, 
estábamos ebrios de vino, nos sentíamos 
profetas de este siglo. Apareció paraselene.

Nuestra casa celeste, querida Tierra, 

desvió un asteroide, lo convirtió en meteoro 
de órbita grande pero seguimos escribiendo y bebiendo.

Pensamos en fractales de realidad que en dosmil 

años sucederían. 
Uno de los nuestros avistó un demonio cuyos números 
eran seis seis seis, siete siete siete, ocho ocho ocho, 
en fin, una bestia a mi aprecer ya que carecía 
de un rostro como todos nosotros.

Los días pasaron y cambiamos de cielo, de luna y 

de órbita, al diablo con eso.
Sonaba entonces la canción que resucita y las 

páginas estaban llenas. Apareció parhelio.

Qué romántica fue la crucifixión de nuestro maestro, 

apenas y llegamos a tiempo, pero llegamos es lo importante.

Parecía como si él supiera todo el tiempo que lo 

iban a cocinar, pero bueno.

El pan es pan, y el vino, vino.


-Alejandro

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