Ya no he de necesitar dormir ni comer,
estos pies hoy son movidos por otra fuerza.
Hoy cabalgo libre cuesta arriba y de frente
al cerro, ya no me es necesario ni el caballo,
ni el pegaso y nisiquiera el unicornio.
Porque hoy cabalgo sobre la luz, sobre mi propia luz.
Estoy feliz por tu existencia, más no dependo de ella.
A lo lejos no me divisas puesto que no tengo forma,
y cuando estoy cerca me confundes con el viento
frío o cálido según tu estación.
Frente a frente cada doscientos cuarenta días,
mientras no descubramos lo contrario.
Yo no estoy huyendo, cosa inversa, todo va regreso a casa.
-Alejandro
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