Aquel día, tomaste un velo hecho de vino
y me contaste la historia de una roca que
existió con el fin de dar fe al amor de dos seres,
de dos jóvenes en la búsqueda de sus vidas,
a la intemperie de sus sentimientos.
No decías nada, no me mirabas como el día anterior,
a la intemperie de sus sentimientos.
No decías nada, no me mirabas como el día anterior,
sólo escribiste los términos y las condiciones de nuestro
matrimonio natural, del cual, el verano fue incorruptible testigo.
Contrato que trascendió en la inocencia,
Contrato que trascendió en la inocencia,
en un pequeño mundo... irreal.
-Alejandro
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