sábado, 23 de febrero de 2013

Un retrato de ella, un día

Aquel día, tomaste un velo hecho de vino
y me contaste la historia de una roca que 
existió con el fin de dar fe al amor de dos seres, 
de dos jóvenes en la búsqueda de sus vidas,
a la intemperie de sus sentimientos.

No decías nada, no me mirabas como el día anterior, 
sólo escribiste los términos y las condiciones de nuestro 
matrimonio natural, del cual, el verano fue incorruptible testigo.

Contrato que trascendió en la inocencia, 
en un pequeño mundo... irreal.



-Alejandro

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